Inicio >> Juancho De La Espriella >> Juan Mario De La Espriella Salcedo: el acordeonero creativo, distinto pero auténticamente vallenato

Juan Mario De La Espriella Salcedo: el acordeonero creativo, distinto pero auténticamente vallenato

“Y aquí les presento a Juan Mario De La Espriella Salcedo, nacido en Sincelejo (Febrero 26 de 1973), hijo de Rosario (y de Carlos De La Espriella q.e.p.d.), marido de Dolly, papá de Salvatore, hermano de Fabiana y de Carlos H.; bruto para el estudio e inteligente para el acordeón…”. Estas palabras pronunciadas por Silvestre Dangond (compañero de fórmula de Juancho desde el 2002) en varias de sus canciones, ciertamente sintetizan la biografía personal de nuestro acordeonero, el de las multitudes.

Juan Mario a sus 37 años de edad, es posible afirmar, se encuentra en una etapa de plenitud profesional, pero, ante todo, personal; esto es verificable en el amor que este padre tiene por su hijo Salvatore, que se encuentra en el kínder; y por su esposa, Dolly Calliz. No sobra decir que el amor que hay en la familia de De La Espriella es tan grande que se ha hecho una nueva vida. El embarazo de Dolly fue anunciado por Juancho el 22 de Septiembre en horas de la noche, después del lanzamiento del DVD de Cantinero en Bogotá, que fue todo un éxito: “Un poco tarde, pero la noticia es que Dios me va a bendecir con otro hijo, que será hermanita de Salvatore…Dolly sólo tendrá unos 20 días, pero declaro en el nombre de Dios que será una nena…” (Twitter – @jdelaespriella).

Este escrito no pretende ser una biografía sobre Juan Mario, sólo es la narración de la experiencia de un Bogotano, teólogo profesional, docente, de 23 años, que en el año 2004 empezó a enamorarse de las notas del acordeón de Juancho a partir de canciones como “La colegiala”, “ La indiferencia”, entre otras.

El orden de las cosas sería narrar en orden cronológico la discografía de De La Espriella; sin embargo, me tomaré el atrevimiento de narrar cómo empezó y ha transcurrido mi gusto, admiración, respeto, mi apasionamiento y cariño, cada vez más profundos, por las notas y la persona del acordeonero sabanero más sobresaliente en el vallenato contemporáneo.

El gusto por el vallenato en gran parte de mi vida prácticamente fue nulo, por lo menos hasta antes del 2004. El vallenato en Bogotá, o por lo menos en la parcela que yo habitaba y en la que permanecía, era ajena al vallenato; aquello que pegaba y se escuchaba en su mayoría era el vallenato fuerte que produjo el Binomio de Oro, encabezado por Rafael Orozco, y el de finales de la década de los 90 y primeros años del siglo XXI, que interpretaron Jean Carlos Centeno y Jorge Celedón en la “Universidad del Vallenato”. Con el vallenato “suicida”, denominación que en mi círculo de amigos de colegio le dimos a vallenatos como “Distintos destinos”, “Me vas a extrañar”, “Un osito dormilón”, entre otros, fue, por decirlo así, mi primer encuentro con la música vallenata en propiedad.Pero, a lo largo del 2004, año de mi graduación del colegio, en Bogotá empezaron a pegar dos canciones que no paraban de escucharse en las emisoras tanto vallenatas como juveniles: La indiferencia y La colegiala.

Escuchar estas dos canciones significó para mí el primer encuentro con el acordeón de Juan Mario y la voz de Silvestre Dangond. Escucharlos en vivo cuando salían en las emisoras juveniles en las presentaciones de los colegios era bastante agradable. La “cachaquerasilvestrista” tiene su origen, en términos de difusión, en esas canciones. Sin embargo, mi apasionamiento viene de más tarde.

A mediados del 2007 en la radio de Bogotá tuvo un fuerte impacto otro “hit” de Silvestre & Juan; el pase de los 10.000 litros de oldparr, el del amor del alma, que ciertamente va a tener el mayor impacto en la canción “Que no se enteren”. Este pase pasó de ser el añadido a una parranda en vivo a ser prácticamente una canción.

Como juanchista&silvestrista, el 2008 es un año para no olvidar, teniendo en cuenta que es el año del majestuoso lanzamiento del “Original”. Desafortunamente para mí, en ese momento, no tuvo la significación que, por ejemplo, este año tiene para mí “Cantinero”; pero, no en vano, este fue el año en el que empezó mi afición por las notas de Juan.

Manuel Flórez, un compañero del pregrado en teología, una tarde en la que no tuvimos clase me invitó, como decimos aquí, de “desparche”, a escuchar música en el carro mientras se cumplía el horario de pico y placa. Puso un mp3 que consiguió de vallenato, empezamos a pasar canciones, criticando las introducciones y letras, hasta que nos detuvimos en una, incluso, la volvimos a repetir; a saber: Cuidado con Judas. La introducción de esta canción nos pareció genial, pero, personalmente, esta canción imprimió en mí el sabor de las notas de Juan; el pase de la mitad de esta canción fue, es y seguirá siendo mi semilla en el seguimiento de Juancho. Desde ahí quedé “picado” por ese acordeón. Lo primero que llegué a hacer a casa fue a buscar esa canción, incluso encontré versiones en vivo. De hecho, la versión más reproducida en la época era en la versión en vivo en Santamarta, en la que Silvestre, como decimos los cachacos, se pegó una “embejucada” brava. Desde ahí de manera progresiva fue creciendo el gusto.

Pero, a mediados-finales del 2008, escuché el pase que me llegó, literalmente, hasta el alma: el pase de los 10.000 litros de oldparr, en la canción que no se enteren. Había ya un gusto en mí por la agrupación de Silvestre & Juancho; pero, escuchando este pase se movió en mí más que un gusto particular, fue tanta la emoción que el sentimiento de estas notas imprimió en mí, que pensé: quiero tocar el acordeón, ¡Quisiera ser como Juancho!

Esto no sólo se quedó en mí como un mero sentimiento de momento, fue una idea que cada vez me fue movilizando más hacia el acordeón. En efecto, empecé a acercarme a la historia musical de Juan Mario, a investigar sobre él, a ver más videos de parrandas, etc. En el desarrollo de este interés, de esta pasión, no sólo aparecieron discos e información, también aparecieron personas; entre ellas, cabe destacar, como la hemos llamado, “la mamá de las juanchistas”: Kary Lechuga. Encontrarme vía Facebook, Twitter y Messenger a esta mujer fue una bendición, ya que encontré una fuente bien informada, verás y apasionada tanto o más que yo por las notas del acordeón de Juan.

Bueno, creo que he contado bastante sobre mí, es hora de hablar de Juancho. De lo investigado en su página www.juanchodelaespriella.com, en páginas de internet, en vídeos y, de hecho, dicho por él mismo en entrevistas y en el Twittcam que muchos de sus fans presenciamos virtualmente, es posible afirmar que este sabanero empieza a los 13 años a tocar el acordeón. Si la memoria no me falla, según lo dicho por él en el Twittcam, su primera interpretación en el acordeón fue la canción “María Espejo”.

Por respeto y desconocimiento, además, por no repetir la biografía oficial, debo dar el paso a su primera producción, al primer disco que grabó: Pedacito de mi vida.
Este disco que tiene origen en el año 1994, fue grabado por Juan Mario al lado de Miguel Cabrera, quien tiene una voz bastante parecida a la del “Jilguero de América”, Jorge Oñate. Esta bella producción es muestra del vallenato de los años 90, es ejemplo de la evolución de la música del Valle de Upar, realidad que no significa olvidar las raíces.En ésta producción tenemos un ejemplo clarode esta evolución que se mantiene fiel a la tradición, a saber, la canción“El gallo jabao”, de autoría del “Pollo Vallenato” Luis Enrique Martínez, quien, según lo investigado, es uno de los maestros significativos de Juan Mario, con quien tiene cercanía en su juventud. La manera virtuosa, ágil y creativa de tocar del “Pollo”, es algo que Juancho hereda;pero, apropiándoselo y poniéndole su sello personal.

En efecto, saber que Juancho tenía unas fuentes me llevó a investigar, a escuchar la obra del maestro Luis E. Martínez para encontrar, en la idea de seguir a Juancho, una línea de formación. Cabe anotar que en “El gallo jabao” tenemos pases que Juancho sigue tocando en la medida de las posibilidades; una de las veces que lo escuché fue en una presentación en vivo en un hotel de Barranquilla, en la canción “Pasando penas”, y en los remates de algunas canciones. Este pase es una combinación de Bajos y Pitos bastante genial que va acorde a la canción: “…toco los bajos bonito, toco los pitos sabroso, soy un gallo peligroso con la espuela y con el pico…”.

La influencia de Luis E. Martínez en las notas de Juan Mario es notable no sólo por su primer disco publicado, sino por el segundo, que se denominó “ Lo mejor que tengo”, que también hace con Miguel Cabrera, en donde graba la canción “La carta”, de autoría del “Pollo”. También en esta lista se encuentra la grabación de la canción “Que dolor” en la producción “Inolvidable”, que graba junto a Pedro Manjarrés en el año 2000, segundo disco que grababa con “El caballero”, y cuarto en su carrera profesional.

El pollo vallenato aparecerá nuevamente en la carrera de Juancho en el año 2006, con la canción “La fama”, que le dará nombre al álbum que hace junto a su actual y más estable compañero, compadre y amigo, Silvestre Dangond. Cabe mencionar que la canción “El pollo vallenato” también ha sido interpretada por Juan Mario, pero no grabada oficialmente; esta canción se encuentra disponible en una parranda en vivo

De La Espriella se encuentra con Manjarrés, con quien graba cuatro producciones: Una nueva generación, 1998; Inolvidable, 2000; Un nuevo sentimiento, 2001; y, Llegó el momento, 2002. De estas producciones quiero resaltar las canciones “La mujer ajena”, “Señora pena” y “Que regrese a mi lado”, por mostrar de manera clara y evidente el estilo creativo de Juancho. Señalar canciones es posible que suene como irrespetuoso, pero no es la idea; el objetivo es que escuchen toda la discografía de Juan Mario. Sugiero escuchar también de la discografía de De La Espriella&Manjarrés: La primavera, La piquiña, El apoyador, Cógela suave, Dicen que la negra, El cordobés, El pirata, La más linda, Llegó el momento, Me tienes loco, Paseo en concordia,Quiero rumbiar, El mal herido…Para aquellos que nos apasiona el acordeón de Juan ciertamente, encontramos en estos años (1998-2002) un paso más adelante en la vida de nuestro ídolo.

Antes de hacer referencia a Dangond& De La Espriella, es necesario hablar de la producción de Juancho y Diomedes Díaz. Este disco titulado “Pidiendo vía”,significa un punto fuerte, cumbre; significa, en pocas palabras, una producción impecable donde “El cacique de la Junta” y De La Espriella, muestran lo más auténtico de cada uno. Resalto de esta producción Cunde cunde, La mujer mía y La veterana. Es sabido que “El cacique” es fuertemente exigente a la hora de escoger sus acordeoneros y músicos, pero, especialmente, a la hora de grabar sus discos. Según Juan Mario, en esta producción con Diomedes, no hubo ninguna queja ni reclamo, antes bien halagos y tranquilidad.

Y bueno, llega la hora de hablar de Juan Mario & Silvestre. Por cuestión de espacio no hablaré de todas las producciones. De eso, hablaré en otro escrito que desde ya prometo. En esta mención a la agrupación más famosa del vallenato contemporáneo a nivel nacional, me dedicaré a hablar de los clásicos que han grabado y que han tocado en vivo.

Canciones como Nuestra vida, El chinchorrito, La fama, Carmen Gómez, La loma, Pasando Penas, Diosa divina, El chevrolito, La recorrida, 039, La vieja Sara, El quedao, Mujer conforme, Hasta el final de la vida, Gaviota herida, Honda Herida, Gracias a Dios, Qué será de mí, Se acabaron, Lluvia de mujeres, A mí no me importa, La coqueta, sólo por mencionar algunas, son los clásicos que, de vivos y ya difuntos, Juancho y Silvestre interpretan, recuperando las raíces vallenatas que según los críticos en el vallenato contemporáneo se ha perdido.

Yo me suelo cuestionar si la exigencia, muchas veces bien intencionada y amante del vallenato, de tocar vallenato tradicional, de recurrir a los juglares y a las raíces, significa o es sinónimo de estancar tan bella realidad. Para algunos conservar significa no salir de una sola visión, que ciertamente, suele ser sesgada, unívoca, petrificada en el tiempo. Por fortuna, para otros, y aquí es donde resalto lo que hacen De La Espriella&Dangond, conservar significa transportar lo bellamente clásico en el tiempo a lo que hoy día significa el vallenato para muchos. Me disculparán los folcloristas, pero el vallenato si bien tiene origen en el valle, no es propiedad exclusiva; el vallenato, como se dice, es Colombia. Aquí ponemos en juego el papel fundamental de una realidad tan profunda como lo es el vallenato en nuestro país: o creemos que es sólo del Valle de Upar, o creemos que es una tradición que corre por nuestras venas y nos hace auténticamente colombianos.

Escuchar una canción creada e interpretada hace cuarenta años ciertamente genera nostalgia y gusto, aunque muchas veces como cuando se va a un museo a ver realidades estáticas e inmóviles. Escuchar hoy un vallenato de hace treinta, cincuenta, ochenta, más o menos años, interpretado por un acordeonero contemporáneo, joven, distinto, creativo como Juancho De La Espriella, imprime en mí el gusto, la pasión, la alegría y la significación de una realidad que no se quedó atrás sino que, siendo del pasado, hoy, en manos de Juan, se hace vivible.En ese orden de ideas, ver que en el año 2010 jóvenes como yo, que tengo 23 años y que soy del interior, canten con propiedad, alegría e identidad colombiana canciones como La loma de Samuel Martínez, Carmen Gómez de Escalona o 039 del maestro Alejandro Durán, sólo por mencionar algunas, ciertamente es muestra de que el vallenato está vivo; pero que, como cualquier realidad humana se transforma: invoca los orígenes del vallenato, evoca las historias y biografías de sus autores y la realidad colombiana de varias épocas, convoca a la celebración propiamente colombiana en el mundo que vivimos hoy, y provoca mantener esta tradición viva entre nosotros y para el futuro.

Lo digo con tranquilidad: yo le debo a Silvestre Dangond& Juancho De La Espriella el gusto por el vallenato de verdad, y entiéndase vallenato de verdad el de ayer, el de hoy y el que vendrá que fue, es y será interpretado por los guajiros, los vallenatos, los sabaneros, los barranquilleros, los samarios…los bogotanos, santandereanos, pastusos…por toda Colombia.

Muchas gracias!

HEYNER DUWÁN HERNÁNDEZ DÍAZ
Bogotá, D.C. – 2010
heyhdez@hotmail.com

Datos:
Juancho De La Espriella tiene 16 años de grabaciones(entre 1994 y 2010)

Juancho ha interpretado el acordeón para cantantes como Miguel Cabrera, Peter Manjarrés, Silvestre Dangond, Diomedes Díaz, Jorge Celedón, IvanVillazón, Fabian Corrales, entre otros.

Juancho cuenta con una experiencia de 24 años junto al acordeón

Comprueba también

Esta es la historia de la canción “El santo cachón”

“El santo cachón”, tema escrito por Romualdo Brito y que fue grabado por Los Embajadores …