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Israel Romero, el villanuevero perpetuó su nombre en el acordeón

Aún al frente del Binomio de Oro, Israel Romero acaba de recibir quizá el máximo reconocimiento de su carrera: la Hohner lanzará un acordeón con su nombre, en las muy criollas claves de si-mi-la (casi chimila). Estuvimos con él en su tierra, Villanueva, donde Romero es uno de los líderes del Festival Cuna de Acordeones.

1. A los siete años de edad, todavía con pantalones cortos, Israel Romero Ospino, el quinto de los nueve hijos de Escolástico Romero, connotado acordeonista y acordeonero, puesto que con la misma maestría con que ejecutaba el instrumento, lo reparaba, intervenía y transformaba sus tonalidades, aprovechaba los escasos momentos en que su padre salía de casa para apoderarse de los acordeones que los juglares de la época, como Emiliano Zuleta Baquero, Toño Salas o Chema Ramos, abuelo, le había llevado para su reparación. Se los llevaba a la ‘cola del patio’ de la vieja casona del barrio El Cafetal de Villanueva. “Me sentaba en un tronco seco y empezaba a sacarles notas hasta que lograba hilar una melodía. Me concentraba tanto en eso, como embelesado, que no me daba cuenta de que mi mamá, Ana La Nuñez Ospino, se había percatado de mi travesura, y estaba plantada enfrente mío, lista para el regaño… ‘Bueno, mijo, tú cuando vai’ a entendé’ que esos acordeones son ajenos, ah… No vei’, que si los dañai’, tu papá va a ser el pagano? Cogé los de él, que pa’ eso tu papá tiene acordeones, él no te lo va a negar”. Eso era cierto, mi papá tenía sus propios instrumentos, lo mismo que Norberto, mi hermano mayor, que ya vivía de su arte, pero los de los maestros Emiliano, Toño y Chema, me atraían como por encanto, y esos eran los que yo quería para aprender”.

2. Cuando Israel recién había cumplido los doce años, un día cualquiera se armó una parranda en el patio de su casa, bajo un frondoso árbol de grosella. Estaban, entre otros, sus hermanos Norberto y Rosendo Romero, José Lucas Daza, Carlos Quintero y otros amigos de la época. De pronto, Norberto le dijo a los contertulios que lo estaban felicitando luego de hacer una gran demostración de sapiencia con el acordeón: “Ahora les voy a presentar un pollo nuevo de la cría de los Romero Ospino. Ven acá, Israel, muéstrales qué es lo que tú sabes hacer con el acordeón”. Con mucha timidez, puesto que todos los presentes eran mayores que él, Israel se acomodó el instrumento y se ‘fajó’ durante más de seis minutos tocando La cañaguatera, un tema que pocos se atrevían a interpretar, ya que estaba recién publicado y además lo tocaba uno de los más grandes acordeonistas de todos los tiempos: Alfredo Gutiérrez. Fue tal la demostración que, como si estuvieran en una gallera, los parranderos decían: ‘Ese pollo sí va a darle pelea a los gallos viejos’. Desde entonces, el mundo lo conoce como El Pollo Isra. Con ese apelativo le ha dado la vuelta al mundo. Y se han acuñado frases famosas en la música vallenata como: ‘Vamos, Pollo Isra’, de Daniel Celedón, y ‘Repítelo, Pollo Isra’, de Rafael Orozco.

3. En 1969, Israel llegó por accidente con unos amigos a una parranda que se celebraba en Valledupar. Allí había importantes acordeonistas que acaparaban la atención de los asistentes, y otros, no tan conocidos, que esperaban turno para demostrar sus habilidades. A medida que pasaban las horas, se iban retirando los acordeonistas, y hubo un momento en que no había quien tocara, así que uno de los amigos de Israel le puso un acordeón en sus manos y lo motivó a tocar. Aunque un poco asustado, El Pollo se arriesgó a salir al ruedo, pero con el temor de no dar la talla de los veteranos que ya habían tocado. Al principio casi no le prestaron atención, pero poco a poco las conversaciones de los grupos en que se había dividido la parranda fueron callando para concentrarse en ese muchachito de piel oscura y contextura extremadamente delgada, de pelo apretado y ojos achinados, exótica mezcla de negro con aborigen, que para descrestar aún más, tenía los ojos de color miel claro. Pero ese análisis no lo hizo ninguno de los parranderos. Ninguno sabía de su parentesco con Alejo y Náfer Durán, ni que uno de sus antepasados, Don Francisco Romero, había llegado de San Diego, España, a Riohacha, tres siglos atrás, y engendró una prole numerosa en toda la región, llegando hasta Becerril, Cesar, donde, tres generaciones después, nació su padre, Escolástico. Lo que les llamó la atención fue la catarata de notas fluidas que entremezclaban el estilo de Luis Enrique Martínez, Emiliano Zuleta Baquero, Alfredo Gutiérrez y uno que otro ‘pase’ de su propia cosecha. Ese fresco caudal que brotaba del acordeón ejecutado por Israel cubrió a todos los presentes, y uno de ellos, entusiasmado, tomó la iniciativa de recoger dinero entre sus amigos para pagarle al desconocido músico que, aunque no estaba reclamando nada, se merecía una recompensa decorosa por su actuación. Ese señor es hoy día uno de los más entrañables amigos de Israel Romero. Es Camilo Namén Rapalino, gran compositor, quien en su colecta parrandera recaudó los primeros sesenta y dos pesos que El Pollo Isra recibió en su vida por tocar el acordeón. “Con eso me compré los uniformes del colegio, y me quedaron treinta y dos pesos con setenta y cinco centavos, que le llevé a mi mamá’, recuerda emocionado.

4. Un día cualquiera de 1975, Israel Romero recibió en su casa de Villanueva un telegrama firmado por el doctor Álvaro Arango, presidente de Codiscos, citándolo a una reunión en el Hotel Sicarare de Valledupar. “Casi no voy. Pensé que era algún amigo mío ‘mamándome gallo’. Sobre todo porque ya había hecho un viaje frustrado a Medellín con mi hermano Norberto, tratando de conseguir un contrato de grabación. Sin embrago me decidí y acudí a la cita. El doctor Arango tenía listo un contrato para que yo firmara con exclusividad para grabar tres LP o larga duración, cuando lo usual, para ese entonces, era que se comenzara con un sencillo de dos temas nada más. Por eso le pregunté cuál era la razón para semejante propuesta, y él me dijo: ‘Eh, Avemaría, mijo, es que a usted me lo recomendó El Turco Gil, y ese maestro no vende muchos discos, pero sabe más de música que cualquier otro en Colombia’. Además, me pagarían un salario mensual de $1.800, algo nunca soñado por mí. Enseguida llamé a Daniel Celedón, mi paisano villanuevero, que estudiaba derecho en Bogotá, y nos encontramos en Medellín. En tres días grabamos 12 canciones. Algunas las escogí yo, y otras, él. No hubo necesidad de dedicarle tanto tiempo a la preparación porque yo tenía una gran cantidad de ‘pases’ o arreglos de mi creación, y estaba que me grababa solito”. De ese disco se oyeron varios temas en el Cesar y La Guajira, pero no alcanzaron a sonar en el resto de la Costa. Fue con la segunda grabación, Rumor Vallenato, que lograron impactar con temas como Amanecemos parrandeando y Digan lo que digan, ambos de la autoría de Israel, que se convirtieron en clásicos.

5. El 16 de junio de 1976 se dio el segundo y definitivo encuentro de Israel Romero y Rafael Orozco. El primero había sido unos meses antes, cuando Rafael lo invitó a ver un partido del Atlético Junior en el estadio Romelio Martínez. “Allí me prometió conseguirme una camiseta oficial del equipo con alguno de los jugadores que eran amigos suyos, pero nunca me cumplió esa promesa. Lo que sí se dio fue nuestra unión, en el cumpleaños del compositor Lenín Bueno Suárez. Allí brotó la magia entre su voz y mi acordeón, y decidimos conformar nuestra organización musical. Aún no me he recuperado de su muerte. Es un dolor que a veces disminuye, pero no cesa del todo. Siempre está ahí. A veces despierto creyendo que fue solo una pesadilla, y que por la noche vamos a estar en algún escenario de Colombia o de cualquier lugar del mundo, como lo hicimos por varios años logrando tanto éxito y ganando infinidad de adeptos”.

6. “Israel: ¡tengo que operarte ya! Te tienes que olvidar del acordeón por un par de años’. Esa frase del doctor Navin Said Hachem me hizo sentir hielo en la columna vertebral. Me acababan de detectar un hiperfroma en un riñón, y la cirugía no podía esperar. No podía imaginarme un solo día sin tocar mi instrumento. Lo había hecho desde los siete años sin fallar. Afortunadamente, mi médico conformó un gran equipo con los doctores Emiliano Morillo padre y Emiliano Morillo hijo, y la operación fue exitosa. A los pocos días, Adelita Chaljub de Char me consiguió una cita en la Clínica Mayo, de Jacksonville, Florida, algo muy difícil de lograr. Allí los médicos me dijeron que el cáncer no se había curado totalmente con la extirpación del tumor, y debía someterme a un proceso de radiación y quimioterapia, pero yo no quise hacerlo por los casos dolorosos que había visto en mi círculo de amigos. Más bien hice algo que nunca imaginé: un médico naturista me garantizó que me curaría con unas cápsulas que él elaboraba con la carne deshidratada y micropulverizada de la culebra cascabel. Fue algo verdaderamente milagroso. Las tomé durante dos años, y con eso desapareció todo vestigio de cáncer de mi organismo. Al año de estarlas tomando volví a los escenarios en mi Villanueva del alma, en un homenaje que organizaron mis amigos Alberto Beto Lola Ramírez y Narciso Chicho Guerra. Poco antes de la operación, había ganado el título de Campeón Mundial del Acordeón, en Maryland, Estados Unidos, premio que me entregaron posteriormente en el Club Mundial de la Prensa en Washington”. Por esta razón es que la empresa alemana Hohner, la mayor fabricante de acordeones del mundo, está preparando el lanzamiento de un acordeón que ellos nunca habían producido, que llevará el nombre de Israel Romero. Es uno muy especial, con los tonos si, mi y la. Es de hecho un gran reconocimiento a la labor de artesanos criollos como Lucho Campillo, Ovidio Granados y Rodrigo Rodríguez, entre otros, que durante décadas se han dedicado a intervenir y transformar el complejo organismo de lengüetas o pitos de los instrumentos originales para adaptarlos a las características especiales de los cantantes de música vallenata. Llevará el nombre de quien hace casi 50 años aprendió a tocar a escondidas con los acordeones ajenos que arreglaba su padre Escolástico en su rudimentario taller de Villanueva.

7. Luego del fallecimiento de Rafael Orozco, hace 19 años, Israel Romero continuó adelante con El Binomio de Oro, dándole oportunidad de destacarse a jóvenes voces como Gaby García, Jean Carlos Centeno, Jorge Celedón, Junior Santiago, Alejandro Palacio, Orlando Acosta, Didier Moreno y Dubán Bayona. También han pasado por sus filas acordeonistas como Fernando El Morre Romero, Marquitos Bedoya y Carlos Humberto López, este, de nacionalidad venezolana, actualmente en el grupo. Esto ha llevado al público y a los medios de comunicación a darle al Binomio de Oro el título de ‘Universidad del Vallenato’, más que merecido, porque ya son varios los ‘egresados’ que están triunfando con su propio proyecto musical. Actualmente, Israel y sus alumnos cosechan grandes éxitos en varios países de América y Europa con temas como Sobran las palabras, Vamos y Regálame un perdón, estos últimos dos del álbum Corazón de miel. Actualmente está a punto de comenzar una extensa gira denominada ‘Binomio de Oro 35 años’, que les llevará a Panamá, Costa Rica, Estados Unidos, Argentina y Ecuador. El primer concierto de este tour será en Villanueva, en el marco del XXXIII Festival Cuna de Acordeones, que se realizará del 29 de junio al 3 de julio, del cual Israel es su presidente desde hace cinco años. Según su mánager, Pepín Camacho, esta gira les llevará también a Europa y casi seguramente a África, ya que hay una empresa española que ha hecho una tentadora oferta para que la gira se extienda a esos continentes por cerca de dos meses. De llevarse a cabo, el Binomio de Oro se convertiría en el primer grupo de música vallenata en actuar en el Continente Negro.

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