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Cita con la muerte en el apartamento del cantautor guajiro Roberto Calderón

Según denuncia radicada ante la unidad de reacción inmediata de la Fiscalía General de la Nación el 12 de junio del 2009 por el delito de homicidio agravado en concurso material homogéneo y sucesivo, Mario Machado, padre de Roberto Mario, señaló ante el Fiscal en turno que su hijo nunca pudo saber que la cita que el señor Calderón le había hecho a éste no era más que “una cita con la muerte”.

Sí, una cita con la muerte, por cuanto según consta en la denuncia, Roberto Mario a quien le gustaba versear la música vallenata, llegó en compañía de Jorge Luis Prada, de 16 años, al apartamento de Roberto Calderón, quien muy cordialmente los invitó a pasar un rato ameno, pero todo esto se daño cuando otra persona (un hombre) ingresó al apartamento de Calderón y se formó la de ‘troya’.

Al parecer, señaló el denunciante, “al hombre que llegó no le gustó que los muchachos estuvieran con Calderón, quien comenzó a discutir con el ‘fulano’, quien ni corto ni perezoso la emprendió contra los jóvenes, siendo golpeados en diferentes partes del cuerpo”.

Diario del Norte tuvo acceso a la denuncia logrando establecer que en ella se encuentra consignada la forma de cómo fueron masacrados Roberto Mario y Jorge Luis, quien a pesar de haber quedado con vida, fue trasladado dos horas después a un centro asistencial donde falleció debido no sólo a la gravedad de las heridas, sino a la tardanza en su traslado.

En la denuncia se informa que el presunto suicidio por tratar de huir de las autoridades ante un presunto hurto, del cual era víctima Roberto Calderón, no fue más que un montaje orquestado por los agentes de la Policía, quienes llegaron al lugar de los hechos antes de que los jóvenes fueran golpeados con martillo y con trompadas y finalmente arrojados al vacío.

En el Spoa (sistema penal oral acusatorio) quedó consignado que Roberto Mario fue agredido físicamente con golpes contundentes de herramientas (martillo), patadas y trompadas para posteriormente ser sacado del apartamento del señor Calderón, arrastrándolo por el pasillo del piso 8 del edificio en donde quedaron las huellas de la sangre del joven, las cuales no fueron recogidas por los señores que practicaron las diligencias de levantamiento de los cadáveres.

“Habían huellas de sangre de Roberto Mario en el piso del apartamento, en la cama, en el abanico, en las paredes, en la azotea del edificio, desde la cual lo lanzaron al vacío para finalmente decir que se había tirado del apartamento de Calderón.

“Todas estas evidencias no fueron tenidas en cuenta, al contrario, las desviaron y borraron para dejar libre al señor Roberto Calderón, quien fingió haber sido golpeado en la cabeza con un martillo e internarse en la Clínica del Caribe, en donde no aparece la historia clínica sobre las presuntas agresiones”, indicó Mario Machado, padre de Roberto Mario, una de las víctimas.

De igual forma, se consigna que un hombre al servicio de la vigilancia del edificio de nombre José, señaló que inicialmente al llamado de las autoridades luego de iniciarse la riña, llegaron dos uniformados a bordo de una motocicleta y subieron al apartamento de Calderón, permaneciendo un buen rato hasta que aparecieron otros policías, quienes llegaron disparando para iniciar desde ese momento la “película” de hacer creer que había un atraco en el apartamento de Calderón y que los jóvenes se habían lanzado huyendo de las autoridades.

Se pudo establecer que días después de los hechos, José (el vigilante) pidió tres días de permiso, ante la insistencia del señor Calderón en querer ubicarlo para presuntamente tratar de persuadirlo a que no apareciera como testigo en la Fiscalía, según consta en la denuncia.

Sobre Jorge Luis Prada se indica que este menor no corrió mejor suerte que Roberto Mario, si se tiene en cuenta que fue masacrado con golpes de martillo en la azotea del edificio de donde se escuchaban los gritos que exclamaba Jorge Luis cada vez que era golpeado brutalmente con el martillo, el cual quedó pintado en su cara y en el mentón, dejando como clara evidencia la destrucción de su maxilar inferior.

Dichos gritos, según manifestaron habitantes del edificio, se escuchaban fuertes sin que nadie pudiera hacer nada, por cuanto las autoridades impedían cualquier acercamiento al lugar donde fueron asesinados los jóvenes.

Fuente: Diario Del Norte

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