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Él es Darío Valenzuela ‘El Brujo de la Consola’

En las décadas de los setenta y ochenta se dieron memorables duelos de acetato entre artistas vallenatos, tal vez, por pasiones, celos profesionales o protagonismos faranduleros. “Piques” que fueron, igualmente, atizados y promovidos por empresas discográficas que se reñían el mercado musical.

jorge oñate - en la cumbre
Carátulas de reconocidos interpretes vallenatos evidencian aquellas refriegas musicales. En la CBS, Jorge Oñate con sus compañeros de fórmula musical, Colacho Mendoza, Chiche Martínez, Juancho Rois, desafiaban con sus “Únicos”, “En La “Cumbre”, “Silencio”, “El Cantante”, “Ruiseñor del Cesar”. Por su parte, Codiscos, con Beto Zabaleta y sus acordeoneros Emilio Oviedo y Beto Villa interpelaban con “Lo Máximo”, “El cantor Triunfante”, “Triunfadores”, “Orgullo Guajiro”. Diomedes Díaz con Elberto “Debe” López, Juancho Rois, Colacho Mendoza, rugían “De Frente” su “La Locura” como “Dos Grandes”, “Los Profesionales” que brillaban “Con mucho estilo”. Asi mismo, El Binomio de Oro daba lidia con “Por lo alto, Los Elegidos, “De Caché”, “Clase aparte”, “Fuera de serie”.  En otro flanco, la CBS con Los hermanos Zuleta ripostaban con “Dos Estrellas”, “Ídolos”, “Los Maestros”, “Pa’ toda la vida”. En Codiscos Silvio Brito con el Pangue Maestre y Ciro Meza combatían con “Esto se respeta”, “Dominando el panorama”, “Los Consentidos”, “Somos Diferentes”. En los ochenta entró Phillips a la contienda con el Doble poder con un Daniel Celedón e Ismael Rudas desafiantes en sus producciones:“Excelente”, “Tesoro musical”, “Con Más Fuerza”, “Incontenible”.

los hermanos zuleta - dos estrellas

Estas producciones que con ansias degustaba el público no sólo fueron obra del talento de estos intérpretes y de los compositores que en ellas se incluían. También estaba presente la creatividad y sapiencia musical de ingenieros de sonido que en silencio, casi de forma anónima, tras largas horas de cansancio e insomnio, mezclaban voces y melodías. Fueron fundamentales para la conquista del éxito musical. Alfonso Abril, Gabriel Muñoz, Humberto Chaparro… hacían parte de las huestes de la CBS (hoy Sony Music); Codiscos tenía en su artillería a Gabriel Alzate, Rafael Mejía, José Sánchez y, el de mayor reconocimiento de esta fue Darío Valenzuela Álvarez, el “Brujo de la Consola”, el sonidista que, para la época, muchos cantantes caribeños enviaban agradecidos saludos por el “toque” especial que imprimía a sus producciones.

Los de mayor celebridad y recordación fueron los que le hizo su primer “padrino”,  Juan Piña, en 1978, quien le rotuló “El Brujo de la Consola”.  Ese mismo año,  Rafael Orozco le llamó “El Paisa de Oro”. En 1979, Silvio Brito, en “Mi Poema”, resaltó el “alma vallenata” del talentoso antioqueño. Al final, el patronímico más afortunado fue el de Piña, con resonancia en otras voces, una de las más recientes fue la de la desaparecida Patricia Teherán.

dario valenzuela

Este saludo despertó curiosidad en la cantante de tecno carrilera Marbelle. A finales de los ochenta, de tanto escuchar el cuño de “El Brujo de la Consola” quiso saciar la inquietud infantil alimentada por la radio, decidió ir a Medellín a conocer al sugestivo mago musical de los estudios de Codiscos. Al ver a este hombre de vestir impecable en plena labor se convenció que su loado arte nada tenía que ver con “menjurges” ni conjuros.

Hoy Valenzuela, alejado de aquellos ajetreos incitados por la competencia musical, más sosegado, dirige su propio estudio de grabación, “Brujo Records”, ubicado en la Calle Larga de su natal Sabaneta.  A él acuden, en peregrinaje menos ruidosos, nuevas y viejas figuras. En ese refugio de alta tecnología evocó al reportero, con satisfacción y nostalgia, su incursión en el mundo de la discografía, sus logros y aportes a  esa gloriosa época en la que, con sus manos de chamán, adobó algunas obras clásicas de la música vallenata.

Se hallaba dentro de la cabina, sentado frente a una gigantesca consola ecualizando el compacto de un joven de Magangué, Bolívar, a quien una y otra vez le pedía que repitiera el verso que no había logrado la entonación esperada. Solicitó al reportero aguardar unos minutos, mientras hacía ajustes. “Jamás pensé convertirme en técnico de grabación y, mucho menos, estar entre los mejores ingenieros de la discografía en Colombia”, sostuvo poniendo firmeza a su acento interiorano.

El encanto de grabar

Este paisa afable nació el 10 de Mayo de 1953 en Sabaneta. Al igual que muchos niños interioranos de su época deseó  ser futbolista. En pos de esto ingresó a equipos aficionados de balompié. “Enfriebrado” con este deporte se abstraía del todo, llegaba a su hogar bañado de sudor y mugriento, estas diversiones resultaban dolorosas, por lo general, su padre le propinaba algunos iracundos “correazos” por las llegadas tarde. En la adolescencia hizo parte de varios clubes de ciclismo de Antioquia, en esos giros locales con su “caballito” metálico tuvo la oportunidad de lidiarse con el famoso  ciclista Javier “Ñato” Suárez”,  uno de los grandes rivales de “Cochise” Rodríguez en la vueltas de Colombia, en  la década de los sesenta.

Rodeado de un ambiente musical andino, en los que reinaban los bambucos de Silva y Villalba o Garzón y Collazos, a sus nueve años sintió un inexplicable magnetismo por la música de acordeón. Una agrupación vallenata cerca de su casa lo atrapó. En sus reiteradas parrandas recorrían el cancionero de moda, lo que incluía la pegajosa canción “Los Sabanales” de Calixto Ochoa. El muchacho no se cansaba de escucharla, se la aprendió y la convirtió en el himno de su vida…“Cuando llegan las horas de la tarde y me encuentro tan solo y muy lejos de ti, me provoca volver a los guayabales de aquellos sabanales donde te conocí…”

Cuando tenía 14 años sus padres fallecieron y, mientras se hizo bachiller del colegio Manuel Uribe Ángel, de Envigado, tuvo que asumir obligaciones paternales con sus hermanos menores. Se inició como mensajero de la disquera. “Mi hermano Guillermo Valenzuela que era contador de discos, fue la flecha para ingresar a esta empresa. Yo entré a los diecisiete años y medio. Codiscos tenía una dependencia a la que me mandaban a la terminación y  limpieza de L.p. El jefe me mandó para el estudio de grabación como asistente, fui mensajero, hice promoción, pero lo que me quedó encantado fue la grabación. Por méritos personales en tiempo breve pasó a  ingeniero de sonido, en el 1974  ya estaba  grabando. Ese año se casó con Mercedes Duque con quien tuvo dos hijas; Catalina, hoy, enfermera profesional radicada en Londres y Lina Marcela, madre de su nieto  Darío Junior, quien ejecuta el saxofón en la Banda Sinfónica de Itagüí.

Las circunstancias laborales interpelaron a Valenzuela e hicieron perfilar un potencial desconocido, el de la ingeniería de sonido. En 1974, la disquera lo incitó a estudiar y escudriñar el mundo de la física y la acústica musical.  “Yo estudié electrónica, porque cuando grabamos teníamos que saber de corte y de física, porque no es están fácil como se graba hoy con un computador. Teníamos que hacer el corte para hacer el acetato, el cual se hacía en un torno, el sonido se pasaba por una aguja y la aguja tenía que meterse al acetato. Si teníamos una ecualización mala, cuando hiciéramos el corte la aguja se levantaba, teníamos que saber mucha física. Anteriormente tenía que venir el grupo musical completo porque no había tantos canales, grabábamos a dos y cuatro canales. Lo hacíamos en 8 días, mezclada y todo. Pero, en estos tiempos de supertectonogía, paradójicamente, he durado hasta 4 meses haciéndole una grabación al Binomio de oro, para buscar perfección a la gama de sonidos que se registran individualizados”.

dario valenzuela y el pollo isra

La creatividad de Valenzuela fue decisiva para el reconocimiento de algunos artistas  del vallenato como Silvio Brito, Rafael Ricardo y Otto Serge, Los Betos, Patricia Teherán, Miguel Morales, Omar Geles, el Binomio de Oro o Juan Piña. En su nuevo estudio de Sabaneta han grabado Nelson Velásquez, Alfredo Gutiérrez, Iván Villazón, Calixto Ochoa, Armando Hernández, Lisandro Meza y Jesús Manuel Estrada, quien murió trágicamente sin finalizar su última producción.

En ese mismo proceso de su oficio ha acentuado su versatilidad, lo que le ha permitido explorar con diversos géneros al lado del grupo Niche, Juan Carlos Coronel con el Nene y sus traviesos,  el grupo Bananas, el Combo de las Estrellas, El Combo Nutibara, la Típica Novel de New York, El Dueto de Antaño, Darío Gómez y Los Guayanays en Ecuador.

juan piña - el azote vallenato

En una vitrina ubicada en la antesala de “Brujo Records”, su estudio, aparecen  retratados de artistas en compañía de Darío, posee buenas relaciones con ese gremio, sobre todo con los del vallenato. Estábamos observándolo cuando, de forma imprevista, llegó su famoso colega Pedro Muriel (de las huestes de Fuentes). De inmediato fue abordado por el reportero para que le diera sus impresiones sobre el “Brujo”. Sin asomo de egoísmo reconoció sus virtudes: “Darío es uno de los mejores técnicos de sonido en Colombia. Hoy cualquiera  hace una grabación en una bodega, pero a Darío  y a mí nos tocó hacer ingeniería de audio, no era fácil grabar como lo hacía  él”. Le ha dado un sonido especial al vallenato”. Muriel, no ha escapado de la marca costeña, Amín Martínez cantante de la agrupación los Chiches del vallenato lo bautizó  el “Licenciado del sonido” y ahora todos quieren prenderse de él. Reconoce que le une una fuerte hermandad con Valenzuela, que ha estado por encima de la competencia que existía entre las disqueras en las que laboraban.

dario valenzuela el brujo de la consola
Compositor, percusionista y costeño de corzón

El ambiente  de  consolas, músicos, instrumentos y lírica  fue acicate para  que Valenzuela desarrollara un talento represado, el de compositor y percusionista menor. Han grabado sus canciones Darío Gómez, Los Hispanos, el Binomio de Oro. “Jorge Celedón me grabó con El Binomio de oro una canción  que se llama “La Pelita”, fue éxito en México y Venezuela, recibí muchas regalías. Ya me han grabado como 35 canciones, las hago pero no me gusta mostrarla. La pelita, me nació porque  había un muchacho que hacia un programa de humor de TV  que se llamaba ´Oskita’ que decía: ‘pégueme una pela’, a mí se me quedó esa expresión”.

Por curiosidad y prioridad profesional aprendió a ejecutar congas, timbales, güiro, guache y campana, con éstos ha acompañado a muchos de los grupos que van a grabar donde él. Pero, sobre todas sus experiencias musicales, se siente como nadie con la música de acordeón. Además, está supremamente agradecido, con ella se ha granjeado la indiscutible fama que ningún hombre de casa discográfica ha alcanzado.

El “Brujo” siente una profunda admiración por la Costa Caribe y su gente. En una época de decisión abrigó la posibilidad de radicarse en la “Meca” del vallenato, Valledupar, y montar ahí su propio estudio de grabación. Pero el apego  por las fértiles montañas que rodean el Valle del Aburrá, el clima primaveral de su terruño y la estabilidad que gozaba con las más importantes prensadoras de Medellín, le hicieron desistir.

Se venden burros

Entre sus experiencias con  músicos del Caribe, Darío Valenzuela guarda algunos risueños recuerdos. Evocó uno con Rafael Orozco e Israel Romero, artistas de sus afectos. “Una vez estaba grabando, en 1982, y, en un descanso, de puro relajo, cogí un papelito y le coloqué una cola a Rafael Orozco que decía: “Se vende este burro”, y a Israel le puse otra. Rafael se dió cuenta que Israel tenía el aviso, pero no del suyo, lo invitaba a salir a la calle para que la gente  viera que tenía el aviso, no sabía que los dos tenían el mismo aviso, el resto de músicos se le fue detrás… todos nos burlábamos de ellos y  ellos preguntaban como embobados: “Ajá ¿cuál es el chiste?”.

Invitó al cronista a acompañarlo por su estudio. En algunas paredes cuelgan reconocimientos, entre ellos: “Orden a la Democracia José Félix Restrepo”, concedido por el Concejo Municipal de Sabaneta,  “Orden a la participación ciudadana”, dada por la Alcaldía Municipal de su pueblo, y el pergamino otorgado por la Casa de la Cultura la Barquereña, “por su aporte al desarrollo de la cultura”. Hoy Valenzuela espera otro gran reconocimiento: la “justa pensión de Codiscos” por  tantos años de ajustes sonoros de los sueños y sentimientos que movieron los cuerpos y corazones de mucha gente en Colombia y en el extranjero.

Paradojas o ironías de la vida, el brujo de trovas antioqueñas, terminó cautivado por los versos y las melodías de la música vallenata, tal vez, por esto obsequió un acordeón a su nieto, aunque éste todavía no ha logrado desentrañar sus armonías. Sueña con que algún día se convierta en un gran intérprete o lo releve en su labor fonográfica. De alguna forma, continuará con el camino abierto para su estirpe. Él ya sabe el peso del compromiso de ser el único varón del clan de Darío Valenzuela, el ¡“Brujo de la consola”!.

Homenaje a Darío Valenzuela ‘El Brujo de la Consola’

Héctor Castillo Castro
Magister en Historia
Periodista e investigador cultural
Editor de Margen, revista de crónica y reportajes de la ciudad de Cartagena

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