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La historia de la canción «Las cuatro fiestas»

El 3 de septiembre de 1961, fecha en que cumplió veintiocho años, Adolfo Echeverría Comas tomó la decisión de darle un giro drástico a su vida. No quería seguir siendo vendedor de ropa. No veía ningún futuro en eso. Para entonces ya había compuesto más de trescientas canciones y, aunque solo le habían grabado una, confiaba en que sus obras lo llevarían al estrellato y por ende, mejorarían su situación económica.

Con la liquidación que le pagaron en el almacén Casa Vargas, emprendió el camino de sus sueños y decidió invertir sesenta pesos en una aventura riesgosa: grabar por su cuenta la canción que más le gustaba y cantaba permanentemente, casi hasta fastidiar a sus amigos, familiares y compañeros de trabajo. Se fue al Restaurante Mónaco donde había un cuarteto musical conformado por sus amigos Ángel Monsalvo, guitarrista, Rafael Guardo, baterista, Eugenio Ñeñe García, bajista y Alex Acosta, Muñecón , clarinetista, y les propuso grabar Las Cuatro Fiestas con la voz de Nury Borrás, a quien había conocido en un programa de aficionados en La Voz de la Patria. Además, incluyeron Mi cantar, de la autoría de Monsalvo.


Versión original de «Las cuatro fiestas» con la voz de Nury Borrás

Ya con la cinta en sus manos, se fue cargado de optimismo a Medellín, con el solo pasaje de ida, confiando en que alguna de las disqueras que operaban en esa ciudad se la compraría. Se alojó en casa de unos amigos y durante ocho días trato infructuosamente de venderla. “Es que ese ritmo es muy complicado para bailarlo, y no le va a gustar a nadie”. O, “la voz de esa señora no es muy agradable; quedaría mejor si la cantara un hombre”, fueron algunas de las respuestas que le dieron.

Triste y derrotado, tuvo que acudir a la caridad de varios músicos costeños que trabajaban en esa ciudad, quienes le regalaron el pasaje de regreso. Durante un año siguió intentando vender su producción pero fue inútil. Su último recurso fue ir a donde el paisa Mario Ochoa, quien tenía una discotienda en el centro de Barranquilla y le propuso que le financiara el prensaje de cincuenta discos de setenta y ocho revoluciones. “A Ochoa le ‘sonó’ el negocio, recuerda Echeverría, y me dijo que mejor hiciéramos cien de una vez, con la condición de que yo asumiera el compromiso de vender la mitad y el resto lo vendería él en su almacén”.

Lo primero que hizo el maestro Adolfo fue llevar una copia a cada una de las emisoras de la ciudad pero nuevamente recibiría golpes frustrantes porque en ninguna lo quisieron apoyar. “Pero al que le van a dar comida se la guardan y hasta se la calientan. En menos de una semana se vendieron todos los discos. Me fui casa por casa a donde mis amigos y don Mario se entusiasmaron a mandar a prensar otras doscientas, que se agotaron rápidamente. Así fuimos aumentando la cantidad hasta que logramos vender más de cinco mil. La canción sonaba por todos lados y así fue que la radio se vio obligada a programarla”, recuerda Echeverría.


La versión más conocida de «Las cuatro fiestas» es de Diomedes Díaz

Desde entonces, Las cuatro fiestas no ha dejado de sonar y se convirtió en una canción emblemática que ya tiene más de cien versiones, incluida una en inglés. Ahora el maestro Adolfo, retirado de la actividad musical desde hace dieciséis años, tiene más de mil obras grabadas por artista nacionales y extranjeros, entre ellos, Celia Cruz, Bonny Cepeda, Billo’s Caracas Boys, Los Melódicos y Víctor Manuel. Amaneciendo, Fantasía nocturna, La paloma, La Inmaculada, El bocachico, Gloria Peña, Perfume de gardenias, Julio Calderón, Sonia, El guayabo, Puya y hunde, El hombre del sombrerito, Me robaron el sombrero, La gota gorda, El cangrejo, Los gansos en la laguna y Para Santa Marta, son algunos de sus más resonantes éxitos cosechados en cincuenta años de actividad.

Precisamente, al cumplir medio siglo de su canción insignia, Adolfo Echeverría aceptó la invitación de EL HERALDO para ir antenoche a prender las velitas en su casa natal de la calle España 34, entre carreras 32 y Concordia 33, del barrio San Roque de Barranquilla, a la que no volvía desde hace cuarenta años. Profundamente conmovido, intentaba reconocer el vecindario, ahora totalmente transformado. De aquellos años solo queda un gigantesco almendro en cercanías de la vivienda, que ahora habitan Jaime García y su esposa Angélica, quienes desconocían que allí había nacido este insigne compositor y se prodigaron en atenciones para él y su esposa Anastasia Arrieta.

Pero el momento más emocionante fue cuando recibió la sorpresa que le habíamos preparado. Juventino Ojito, el gran músico que dirige la orquesta Son Mocaná, llegó tocando Las cuatro fiestas en su clarinete mientras su esposa, Verónica Vanegas, la cantaba vibrantemente. Casi al unísono se apagaron todos los equipos de sonido de la cuadra y los vecinos se fueron acercando a saludar al ilustre visitante. Se le aguaron los ojos y se le quebró la voz mientras lo colmaban de abrazos y besos.

“Es que hace más de quince años que no salía de mi casa, mucho menos a reunirme con tanta gente. Es maravilloso saber que siguen disfrutando mis canciones, especialmente Las cuatro fiestas y La Inmaculada”, confesó, mientras recuperaba poco a poco la voz.

Y para darle un remate inolvidable a la madrugada, Juventino y Verónica invitaron al maestro Adolfo al Rancho Currambero, donde Ojito estaba acompañando con su orquesta al cantante puertorriqueño Joe Quijano. Al llegar, el anfitrión, Róbinson Albor, lo invitó al escenario, donde haciendo un gran esfuerzo, cantó algunos pasajes de la canción que en ese momento se estaba disfrutando en miles de hogares de toda Colombia. Allí nos dieron las cinco de la mañana pero el maestro se mantuvo firme, a pesar de los quebrantos de salud que padece.

“Volver a mi casa natal en una noche tan especial y recibir todo este cariño de la gente me ha revitalizado tanto que me siento otra vez con ganas de seguir componiendo. Las emociones gratas son la mejor medicina”, nos dijo cuando se marchaba a paso lento del brazo de su esposa Anastasia.

Titulo original: Echeverría volvió a la primera de las 4 fiestas
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