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El maestro Escalona exaltado a través de sus cantos que se pegaron en los oídos de todos

25 canciones fueron suficientes para que en el espacio del auditorio ‘Consuelo Araujonoguera’ de la Biblioteca Departamental ‘Rafael Carillo Lúquez’ de Valledupar, se sintiera la fuerza del sentimiento de quien antes y después de la muerte sigue tan vigente desde cuando una golondrina se paseó serena llevando en su pico una espina y en sus ojos un dolor.

En ese preciso instante de los cantos interpretados por niños, jóvenes y adultos, una señora vestida de negro, dijo que Rafael Escalona, debía estar feliz en el cielo, como en las fotos que adornaban el escenario. En cambio otro expresó que debía estar haciendo un canto de agradecimiento como se lo hizo a muchos, y citó a aquella morenita que de recuerdo le dejó un paseo, ese que habla del inmenso amor que llevaba en su corazón…

El lugar quedó pequeño, pero grande fue la emoción de todos cuando la Coral del Gimnasio del Norte, Los Niños del Vallenato de la Escuela ‘Rafael Escalona’ y los niños del maestro Andrés ‘El Turco’ Gil, le dieron rienda suelta a su talento para predicar con cantos que Escalona vive a través de sus inmortales obras. Interpretaron entonces ‘La casa en el aire’, ‘El testamento’, ‘Honda herida’, ‘El mejoral’, ‘La creciente del Cesar’ y ‘La molinera’.

Seguidamente llegaron las voces femeninas de Lucy Vidal y Marina Quintero, quienes exaltaron al hombre que sin ser arquitecto prometió hacerle a su hija, una casa en el aire.

Llegó entonces el desfile de los artistas Peter Manjarrés, Ivo Luis Díaz, Elkin Uribe, Rafael Manjarrés, Jorge Oñate y Poncho Zuleta. Ellos, recordaron a su manera al hombre que se fijó en una estrella colgada en el firmamento cerca a su tierra Patillal.

De este forma se recordó a ‘La brasilera’, ‘Jaime Molina’, ‘La vieja Sara’, ‘El matrimonio de Colacho’, ‘El arco iris’, ‘La patillalera’, ‘La golondrina’, ‘La custodia de Badillo’, ‘La mariposa del río Badillo’, ‘Mariposa bonita’, ‘Esperanza’, ‘El almirante Padilla’, ‘El Playonero’ y ‘El copete’, entre otras, teniendo como acordeoneros invitados a los Reyes Vallenatos Sergio Luis Rodríguez, Almes Granados,  José María ‘Chemita’ Ramos, Fernando Rangel y Gonzalo ‘El Cocha’ Molina.

El padrino de Poncho Zuleta

En medio del homenaje, la emoción y el recuerdo invadió al cantante Poncho Zuleta, el ahijado querido de Rafael Escalona, quien además de cantar exaltó el talento y el inmenso aporte que hizo su padrino.

“Lo que se hizo con motivo de los tres años de la partida de mi padrino es poco para todo lo que hizo por nuestra música vallenata. Mi padrino, es irrepetible, sin paralelo y fue honroso participar en este cálido y emotivo homenaje. Lo mejor de todo es que Escalona es de ayer, de hoy y de mañana”.

Estando en el escenario y haciendo eco a sus jocosidades ‘Poncho’ Zuleta, pidió un trago de Whisky y se lo fueron a entregar de inmediato. Entonces hizo la siguiente acotación: “Sin trago no canto y sin novia no como”…

El evento que tuvo todos los matices llenos del más grande sentimiento concluyó con la unión de dos grandes que si saben como nacieron y crecieron los cantos de Escalona. Esos cantos con la llama precisa para alumbrar inicialmente el país vallenato, describieron en versos y melodías las historias provincianas que con el poder de sus voces le han dado la vuelta al mundo.

De esta manera las voces de Poncho Zuleta y Jorge Oñate, recordaron como hace mucho tiempo una mujer iba matando a Escalona, debido a que ella  tenía la boca pintadita y hasta un bonito copete. Una manera elocuente para pedir que el corazón se escape de las soledades del sentimiento y dibuje en su alma el rostro de esa célebre morenita.

Oye morenita asi es que me gusta verte
con la boca pintadita
y ese bonito copete…

Cantos pegados…

Durante más de dos horas y media en el escenario, nadie se quedó sin cantar. Todos fueron coristas y con las palmas de las manos llevaban el ritmo dejando constancia de que las canciones de Escalona se pegaron en los oídos de todos.
En ese preciso momento, recordé cuando lo conocí en mi tierra Chimichagua, enamorado como ninguno. ¿Y quien no enamora teniendo los versos en la puerta de la mente y hasta en la punta de la lengua?

Ese día que lo conocí, el maestro Escalona le soltó un par de piropos a una morena que llegó a ofrecerle un trago de whisky. También el recuerdo se intensifica a través de mi primer hijo Jordy Juan, cuando en la década del 80, cantaba mañana, tarde y noche con su lengua enredada: “Adiós, molenita, me voy pol la malugada, no quielo que me lloles polque me da dolol”. Se comía la R, precisamente la R de Rafael.

Escrito por: Juan Rincón Vanegas

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