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El día en que ‘Megateo’ secuestró a los músicos de Alfredo Gutiérrez

Uno de los plagiados contó cómo fue el rapto. Ocurrió tras una presentación en el Catatumbo.

El recuerdo de los 17 días de secuestro que Víctor Carrillo vivió en las selvas del Catatumbo, junto con 18 músicos más del rey vallenato Alfredo Gutiérrez, volvió hace cinco días.

El pasado viernes, Carrillo se despertó con la noticia de que había muerto –en una operación de la Policía, el Ejército y la Fuerza Aérea– el capo Víctor Ramón Navarro, ‘Megateo’, el hombre que ordenó raptarlos en noviembre del 2001.

El secuestro de los 19 músicos del maestro Gutiérrez, hace 14 años, se convirtió en uno de los hechos delictivos más sonados de ‘Megateo’. El plagio puso en el radar de los medios de comunicación, y en el de las autoridades, el nombre del capo, que ajustaba entonces los 25 años.

Después vinieron los asesinatos de policías, soldados y ciudadanos, los ajustes de cuentas y el narcotráfico, que lo convirtieron en uno de los hombres más buscados en el país. Por él ofrecían 2.000 millones de pesos y 5 millones de dólares de recompensa.

Alfredo Gutiérrez cuenta que a sus muchachos los secuestraron después de un concierto en las fiestas del Tarra (Norte de Santander). “Allí estuvimos tocando hasta la medianoche. Yo me vine antes en un taxi, pero ellos salieron en la madrugada”, recuerda. Mientras iba por la vía hacia Ocaña, Gutiérrez cayó en un retén del Eln. “Tú te pareces al cantante vallenato Alfredo Gutiérrez”, le dijo uno de los guerrilleros. “Yo soy Alfredo Gutiérrez”, le respondió el artista. Tras hacer un par de llamadas se lo llevaron a lomo de mula y lo internaron en la selva.

“Me dijeron que querían conocerme. Hasta me pusieron a cantarles mis mejores canciones, y me mataron una gallina para la comida”, recuerda el artista. Al día siguiente, a las dos de la tarde, ya en libertad, el rey vallenato se enteró que a sus músicos también se los habían llevado, pero sus captores no eran del Eln, ni de las Farc, sino de la tercera guerrilla que se disputaba el control en esa zona de Norte de Santander, el Ejército Popular de Liberación (Epl).

Desde entonces Gutiérrez comenzó una campaña ante el Gobierno, ONG, Defensoría del Pueblo y medios de comunicación para conseguir la libertad de sus muchachos. “Con buena suerte para mí, yo no iba en ese bus. Los tipos me confundieron con un ayudante del conductor, un gordito que iba atrás, y decidieron llevarlos. Luego hasta le dijeron al Eln que me intercambiaran por mis muchachos, pero no quisieron aceptar y me dejaron libre”.

La justificación del capo

Víctor Carrillo, compositor y músico de Gutiérrez, recuerda que eran casi las seis de la mañana cuando un retén del Epl interceptó el bus en que viajaban. “Mientras hablaban con su jefe, con ‘Megateo’, pusieron el bus en una trocha. Luego recibieron una orden y nos bajaron, nos internaron en la selva y nos retuvieron los documentos”, asegura.

Cuando las autoridades estuvieron al tanto del secuestro, lo único que encontraron en la vía fue el bus abandonado con los instrumentos. Ya en el campamento los guerrilleros les informaron a los músicos que estaban secuestrados, que no querían dinero, sino presionar al Ejército para que se replegara de la zona y detuviera las operaciones en su contra.

“Nos movían todas las noches, de un lugar a otro. No hubo maltrato físico, pero sí un daño psicológico por la incertidumbre, por estar lejos de nuestras familias”, agrega el músico.

Uno de los días más duros, según recuerda Carrillo, fue cuando sacaron un comunicado advirtiendo que si el Ejército seguía presionando, los iban a asesinar. En medio de la tensión, los visitó ‘Megateo’ para explicarles por qué los tenían secuestrados.

“Nos dijo que lo disculpáramos por retenernos, pero que sus intenciones eran políticas, que era la única forma de hacer retroceder al Ejército porque nosotros éramos una insignia musical, un símbolo del vallenato del país. Nos trató de forma amable, luego empezó a hablar de su ideología, de los supuestos proyectos de la insurgencia”, cuenta Carrillo.

Los días de angustia de los músicos terminaron el 28 de noviembre cuando, por intermediación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y de la Defensoría del Pueblo, los guerrilleros los dejron en libertad. El párroco de Hacarí los recibió en el pueblo con dos delegados de esas instituciones, en donde, entre risas y cantos vallenatos, les prestaron asistencia médica. Más tarde, en Barranquilla, los 19 músicos se encontraron con sus familias.

Carrillo asegura que las tres semanas que pasaron en la selva con el Epl fueron los días más angustiantes de su vida. Desde entonces, Gutiérrez y sus músicos no volvieron al Catatumbo para evitar caer de nuevo en manos de los violentos.

El tiempo en cautiverio, dice Carrillo, los marcó tanto que el pianista, por ejemplo, se retiró de la música y no volvió a tocar: “Ese día aprendimos que en el conflicto no hay músicos, ni deportistas, ni periodistas, ni nadie quien se salve. No nos alegramos por lo que le pasó a ‘Megateo’, pero ese es el precio de la guerra”.

Milena Sarralde Luque
El Tiempo

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