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La Nueva Ola ya no versea

Si algo llamaba la atención en las famosas presentaciones de los grandes cantantes vallenatos era su capacidad para versear ininterrumpidamente durante horas, incluso, durante toda su presentación, si le daba la gana. Yo, al menos, me quedaba ahí, parado, con la boca abierta escuchando y mirando como se “daban versos” de tú a tú y sin que se dieran cuenta el sol les salía en plena faena musical.

Hoy todo eso lo han olvidado. Recuerdo que Diomedes Díaz, por ejemplo, muchas veces no cantaba las canciones de su extenso repertorio musical, sino que verseaba sin parar, y la gente ni siquiera bailaba embelesada escuchando la rapidez y fluidez mental de este ícono del vallenato. Y cuando se encontraba en tarimas con Poncho o Emiliano Zuleta, quienes ganaban eran los asistentes a tan histórico encuentro porque terminaban verseando y la gente sentía que había valido la pena pagar tan caro la entrada.

Actualmente, se nota a algunos de los llamados “Grandes del Vallenato” como cansados, como resignados, como aburridos, cuando se suben o bajan de una tarima ya no versean. Por Dios, señores cantantes, si el verso espontáneo es el alma del vallenato y ustedes así lo comprendieron desde que comenzaron en este bello arte. ¿Por qué no versean como ayer?

El último recuerdo que tengo de Diomedes verseando es en la ciudad de Cartagena cuando el rifi-rafe con Iván Zuleta. Me alegró. No que se insultaran ambos, sino que Diomedes se acordara de versear. Pero me desilusionó ver que los versos se los decía alguien que estaba en un rincón de la tarima. Qué decepción.

Al menos las personas que se dan el lujo de contratar a estos grandes cantantes pueden escucharlos versear porque ya en presentaciones abiertas esto no se ve. Y pedirle a los llamados nueva ola que lo hagan es perder el tiempo. Ellos no saben si quiera que el verso debe tener rima, mensaje fluidez y destinatario que con 4 de ellos se forma una estrofa.

Claro que todavía este bello arte lo cultivan personajes como Luis Mario Oñate quien es muy solicitado junto con Iván Zuleta para que haga las delicias del público que desea extasiarse con buenos cantos y repentismos exquisitos.

¿Qué le pasó a Diomedes? ¿Qué le pasa a Poncho? ¿Por qué no versean en sus presentaciones? Emilianito es un maestro en esto de la improvisación y quizás él lo haga en las hoy llamadas fiestas privadas.

Ahora: se está presentando un fenómeno muy particular en esto del mundo vallenato. Se nota la diferencia de ciertos grupos cuando les corresponde presentarse a ciertos lugares de la Guajira y del Cesar. Se observa con sorpresa la entrega y el entusiasmo. Allí no improvisan ni hacen lo que quieran. Caminan suavecitos. Cantan. Así de sencillo. Pero cuando van a otros lugares, si van, a veces no quieren cantar, y si lo hacen, es a las carreras porque se tienen que ir para otro sitio.

En las mejores épocas del vallenato las agrupaciones famosas cantaban toda la noche y se los cogía la madrugada regalando versos a sus seguidores. Hoy no han cantado 3 canciones cuando se están despidiendo porque tienen que volar a Leticia y se encuentran en Riohacha. ¿Y el fanático que compró la boleta? ¿Ese no merece respeto? Parece que los cantantes de hoy tuvieran una competencia no por el que cante bien y mejor sino por el que más presentaciones haga en una hora. Ese es el respeto de ellos a sus seguidores. Ah… y de versear, nada. No saben. Mejor que no lo hagan para que no hagan el ridículo.

El vallenato debe volver a su esencia, a lo fundamental. Rescatar sus raíces. Los cantantes que instituyeron el verso espontáneo como manera de demostrar su dominio de esta música deben volver a caminar por ese sendero. Deben sentir que el vallenato les fluye por las venas, a sentir que se le hace un nudo en la garganta cuando el otro cantante lo desafía a punta de versos.

Yo deseo volver a escuchar a Poncho Zuleta cantando en cualquier caseta de algún pueblo perdido de la costa como lo hacía ayer: “Yo no me puedo ir de aquí sin hacer un pocón de versos…”

Al menos, para sobrellevar estos momentos de tiempos huérfanos en el verso repentista del vallenato, yo me refugio en aquellos videos donde hay dos monstruos dándose golpes a punta de versos: Diomedes y Poncho: “Ay, compadre yo no me callo/ ay compadre deme el caballo/ porque ya compré la silla”. Poncho que no espera que el otro termine le responde: “En esta bonita tierra/ que a mí me sirve de halago/ le voy a dar es una yegua/ pa’ que le para todos los años…”. ¿Es mucho pedir que vuelvan al principio, a versear? ¿En cuál basural tiraron esta hermosa costumbre?

Ya ni se versea, Pollo Ronco… ¡Qué tristeza! Y qué pena con el vallenato de hacha y machete. Todo se está acabando, hasta el verso celestial y bien medido. Olvidaba decir que en el mundo del vallenato a Emilianito Zuleta le dicen cariñosamente “Pollo Ronco”.

Tomado de «Ya ni se versea, pollo ronco…», escrito por Fabio Fernando Meza, publicado en Panorama Cultural

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