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Las últimas horas de Diomedes Díaz

«Eran las 5.30am del 21 de diciembre. Unas cuadras antes de llegar a su casa en el barrio Los Ángeles, en Valledupar, Diego (cuñado) llamó por teléfono a Cassiani, portero y celador, para que abriera la reja protectora del antejardín, de manera que pudiéramos introducir la camioneta muy rápido para evitar la eventual emboscada de algún loco suelto. Entramos al garaje y el Cacique les pidió al conductor, al escolta y a Diego que nos dejaran solos. Cuando tomaba más de la cuenta, Diomedes solía atribularse con los sentimientos más recónditos. Esa madrugada elaboró un examen sobre su situación a partir de la paradoja de considerar que todos los asistentes a la discoteca Trucupey a esa misma hora estarían acompañados mientras a él lo esperaba la soledad. Era un estupor de siempre. En público estaba rodeado de miles de personas y sin embargo se sentía solo en el mundo. Me pidió dos favores: uno, que hablara con Teo para que sirviera de intermediaria de manera que Luz Consuelo moderara el malgenio provocado por el asunto de la rueda de prensa en Bogotá. Y dos, que me bajara de la camioneta y lo acompañara su cuarto…».

«Cuando entramos a la habitación, me acomodé enseguida en el sofá y Diomedes se sentó en la cama. En un instante cambió de estado de ánimo. Me dio instrucciones para distribuir la plata cancelada por los contratistas en el concierto, y soltó una tesis para atacar la costumbre de los actuales grupos musicales de vallenato que para promocionar sus trabajos artísticos pintan paredes con los nombres de los cantantes, colorean vehículos con sus caras, atribuyen afiches y calcomanías, disfrazan a los simpatizantes con gorras y ponchos, organizan patrullas de adolescentes en bermudas y patines y contratan campañas con carteles publicitarios en las colas de avionetas. Propuso promocionar La Vida Del Artista con visitas a las emisoras La Reina y La Vallenata, en Barranquilla, y Olímpica Estéreo , en Bogotá…».

«Diomedes siguió tomando whisky hasta las 2:00pm. Cuando llegó la remesa Diomedes estaba durmiendo, pero se levantó a las 5:00pm y pidió de comer. Probó de todo, ordenó guardar el resto del almuerzo y advirtió que la persona que se atreviera a comerse lo que había sobrado tendría que batirse en un duelo a muerte con él. Se encerró con doble llave otra vez en la habitación y reinició la jornada sin los estorbos del hambre, saboreando cada trago de whisky, relamiendo cada gota en los labios, dedicado al ensimismamiento del tomador solitario. A la 1.45am de la mañana del 22 de diciembre marcó el número del teléfono celular de Luz Consuelo. A veces, a pesar de que sabían que los dos estaban en la misma casa, se llamaban por celular de una habitación a otra, pero esta vez uz Consuelo no contestó el teléfono porque navegaba en un sueño profundo. Diomedes dejó un mensaje de voz en el buzón: «Mamita, te quiero mucho. Ya me voy a recoger. Te mando la bendición». Recoger quería decir dejar de consumir whisky, tomarse sus pastillas de barbitúricos y acostarse…».

Así fueron las últimas horas de vida del Cacique

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«A las 2:00pm del 22 de diciembre de 2013, Diomedes no se había levantado a pedir comida. Pero había un detalle adicional que advirtieron por la ventana y era que mantenía la misma posición de medio lado que le habían visto en la mañana… Luz Consuelo lo llamó a gritos: «Señor» y esperó la reacción. Volvió a gritar: «Oh señor»…».

Minutos antes de morir El Cacique Un vídeo publicado por BlogVallenato.com (@blogvallenato) el

Pues no solo golpearon en la puerta, sino que llamaron a «Pipe» y lo ayudaron a subir por la abertura arriba de la puerta. Al otro lado, algo que él no pudo definir inmovilizó al muchacho. No logró, como siempre, quitarle el seguro a la puerta, así que Luz Consuelo le gritó que le lanzara por la abertura las llaves que colgaba por dentro de la cerradura. Cuando ella me volvió a llamar por teléfono solo me dijo que Diomedes estaba muy mal…».

22 de diciembre – 2013

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«Llegué en menos de cinco minutos y en ese momento entre varios hombres traían cargado a Diomedes y los ayudé a llevarlo a la camioneta. Al palparlo le sentí en el brazo un frío polar y le vi un hilillo de sangre que salía por la nariz y en los ojos entrecerrados distinguí la dilatación de las pupilas y a través de la palidez del rostro vi un tono azulado. Le dije a Luz Consuelo que no había nada que hacer…»

DIOMEDES MUERTO

Escrito por José Zequeda, exmanager de Diomedes Díaz. Tomado de su libro ‘Las Últimas Horas de Diomedes Díaz’.

jose zequeda y su libro

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