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La historia de Juancho Rois y su familia

El estilo innovador de Juancho Rois le imprimió un sello al folclor vallenato. Fue reconocido como un músico muy creativo. Es famosa la expresión con la que Diomedes Díaz lo animaba: «¡Juancho!».

«Mi hijo tiene que ser o acordeonero o futbolista». Ese era uno de los deseos de Juancho Rois hace un poco más de 20 años, cuando apenas hacía planes para el hijo que llevaba en su vientre la monteriana Jenny Dereix, con quien se había casado hacía muy poco. El pasado viernes 21 de noviembre se cumplieron 20 años de la trágica muerte de Juancho, uno de los acordeoneros más creativos que ha dado el folclor vallenato. Hoy, su hijo Juan Humberto Rois Dereix, no ha seguido los pasos de su padre y tampoco corre tras un balón en una cancha de fútbol. (Ver también: “Mi papá fue un bárbaro del acordeón”: hijo de Juancho Rois)

Juancho Rois se dejó ver siempre detrás de un acordeón. Acompañó musicalmente a varios artistas, entre ellos a Elías Rosado, Juan Piña, Jorge Oñate y Diomedes Díaz. Su maestría con el instrumento lo ayudó a convertirse en una verdadera leyenda. Sus pases innovadores de acordeón, en una época en la que primaba el vallenato tradicional, le dieron un puesto que aún después de dos décadas de su muerte, persiste.

Detallista, romántico, buen cocinero y con los pies bien puestos sobre la tierra, Juancho supo enfrentarse a una fama que le llegó como una estampida. Había hecho su carrera como acordeonero y así era conocido. Su faceta de compositor se fortaleció alrededor del año 1992, cuando esa musa que tanto buscan los músicos apareció en su vida, Jenny, una monteriana de cabellos rubios y sonrisa radiante, le robó el corazón para siempre. A ella le compuso la canción Por qué razón. Obstáculos, impedimentos y amor luchado fue lo que vivieron Juancho y Jenny, casi un amor de novela, y después de dos años de romance lograron ser bendecidos ante Dios en la Catedral San Jerónimo de Montería, y cuya unión fue un evento de la alta sociedad que remató con una parranda al mejor estilo de Diomedes Díaz, quien se hizo presente para acompañar a su compañero de fórmula en este nuevo paso.

Juancho le decía ‘Mocho’ a Jenny, y esto lo hacía para darle a entender que ella era ese ‘mocho’, ese pedacito que le hacía falta a su vida para estar completo. Aunque el vientre de Jenny aún no era notorio, Juancho solía acariciarlo y hablarle a su hijo, un hijo que el destino no le dio la oportunidad de conocer, pero al que le hablaba cariñosamente y llamaba ‘Mochito’, para referirse a la continuación de ese amor que sentía por su esposa. (Ver también: Los amores de Juancho Rois)

Después de su boda con Jenny, Juancho continuó una vez más sus travesías musicales, y emprendió camino hacia Venezuela, donde les habían contratado para el día 19 de noviembre una actuación que se llevaría a cabo en el Club de los Trabajadores del Rosal, una zona de Caracas muy visitada por las estrellas vallenatas. Allí fue donde sus seguidores de Caracas le vieron por última vez, y como cosa rara de la vida, esa noche todos los de la agrupación vestían trajes negros. Siempre que se les veía en presentaciones con combinaciones coloridas.

Un álbum en que se recopilan recortes de los periódicos en los que se registró la boda, los éxitos, las presentaciones y obviamente la muerte de Juancho, es uno de los tesoros más preciados para Juanchito, el hijo de Rois. Él no ha tenido otra forma para estar cerca de su padre, además de los recuerdos que le transmite su madre y de las ejecuciones de su progenitor. «Es increíble cómo un hijo puede parecerse tanto a su padre. Juanchito tiene gestos iguales a su padre, su forma de ser, su nobleza y su tranquilidad son un gen indiscutiblemente Rois», cuenta Jenny Derreix.

El matrimonio, el inicio de la familia Rois-Dereix tuvo un giro que nadie imaginó. La noche del 21 de noviembre de 1994 Juancho abordó una avioneta que los trasladaría hacia esta población junto a sus compañeros de grupo Eudes Granados, Rangel ‘el Maño’ Torres (fallecidos), Tito Castilla, Jesualdo Ustáriz y el piloto de la aeronave, Pedro José Monsalve; partieron rumbo a su destino, donde les esperaba el popular cantante Eunaldo Barrera, Diomedito, quien era el que iba a cantar, ya que Diomedes no asistiría a dicha presentación. Al destino jamás llegaron.

La avioneta golpeó bruscamente contra el suelo. Resultaron gravemente lesionados los 6 ocupantes, luego del accidente las autoridades se percataron de lo acontecido y trasladaron unidades de rescate hacia la zona del siniestro, de allí fueron llevados a la unidad de emergencia hospitalaria, donde no lograron salvar las vidas del piloto, Juancho, Eudes y Rangel. Las lesiones sufridas por los golpes causaron graves daños, fue así cuando la noticia corrió por todos los rincones, y la tristeza y el dolor en toda Colombia y el mundo vallenato invadieron a miles de corazones. Miles de amantes de la música del Valle del Cacique Upar, esa noche no durmieron por la tristeza que los invadía, esperando a que la noticia fuera falsa; incrédulos, golpeados y sorprendidos aún no aceptaban la realidad parecida a lo real maravilloso de Macondo.

Jenny estaba esa noche sola en su casa de Bogotá y recibió la llamada de Diomedito, en la que le avisaba el lamentable hecho. En 35 días Jenny pasó de ser la esposa de Juancho a ser su viuda, una mujer que en su ser tenía al fruto de un amor a ritmo de acordeón.

Cuenta el cajero Tito Castilla que Diomedes no quería que sus compañeros fueran a esa parranda. Juancho, tras el impacto, repetía que no sentía las piernas.

Pero ese accidente no solo truncó la vida del gran acordeonero del vallenato, cuyo estilo es seguido por Franco Argüelles y Juancho de la Espriella, entre otros, sino también la del Maño Torres, considerado en ese momento uno de los más destacados bajistas del folclor, a quien todas las agrupaciones del momento buscaban para sus grabaciones; y la de Eudes, un reconocido técnico de acordeones, hijo del maestro Ovidio Granados, cabeza de una de las dinastías vallenatas más importantes.

Desde ese 21 de noviembre la vida de Jenny cambió para siempre. El dolor de la pérdida del hombre que llenó sus días de música, atenciones y amor se contrastaba con la ilusión de la llegada de su hijo, al que decide ponerle el nombre del padre, como un homenaje a ese gran hombre que tuvo a su lado.

Solo siete años después de la muerte de Juancho, Jenny se sintió preparada para rehacer su vida amorosa. Hoy está felizmente casada y tuvo otro hijo. Los recuerdos de Juancho siguen siendo parte de sus días, y más cuando se sienta a ver a su hijo Juanchito. Fotos, cuadros, un sinnúmero de canciones que siguen sonando en la radio y en las parrandas de las esquinas son el aliciente para saber que Juancho sigue vivo y que gracias a su estilo único para interpretar el acordeón, todavía cuenta con un lugar irremplazable en el gusto de los amantes del vallenato. (Ver también: Así está en la actualidad Jenny Dereix, la viuda de Juancho Rois )

juancho rois el conejo

La tumba de Juancho está en el cementerio de San Juan del Cesar (La Guajira). Allí reposan sus restos desde cuando miles y miles de seguidores le dijeron adiós.

tumba de juancho rois 1

Veinte años después, y por iniciativa de Juanchito, se están realizando gestiones para trasladarlo a una tumba especial en la que se le hará un monumento acompañado de un acordeón; un homenaje que busca brindarle tributo a un artista que marcó la historia de la música vallenata, y que le dio a este género hermosas letras y melodías que siguen siendo tarareadas por millones de personas en Colombia y el mundo.

Denise Barboza Ch.
ElMeriadianoDeCordoba.com.co

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